Hasta que las punzadas se convierten en cosquillas.

” Esto no es un libro, es un año. Es un antes y un después. Es una muerte y una segunda oportunidad. Es una pistola en el pecho pidiendo ayuda. Soy yo en el suelo, eres tú leyendo heridas con el corazón acariciando cada sutura. Es una madre llorando porque su hija crece, es una amiga abrazada, tiritando para que pase el tiempo. Son más de trescientos días para aprender que donde pensaba que estaba el final, era sólo la señal de salida. Son más sonrisas que las que caben en algunas vidas. Son los besos más suaves que nadie ha dado, las manos que nunca olvidaré.

Esto no es un libro: es el olor del perfume que siempre me perseguirá.

Es una chica con espinas por fuera incapaz de amar, soy yo enamorándome del amor de una vida que por miedo dejo escapar. Todas y cada una de estas páginas no son más que la consecuencia de seguir aquí. De existir y saber que existes.

Lo que sostienes no son palabras, son la única manera que conozco de vivir. Soy yo vestida con tan sólo un espejo y todos mis miedos para mostrarlos con orgullo porque asustarse a veces es normal y humano y eso, durante un segundo que duró meses, yo lo olvidé. Y olvidar lo que nos ha hecho latir, temblar, llorar y amar es la única condena a muerte cuyo castigo se basa en matenernos con vida.

Adelante, hay café recien hecho. “

Mónica Gae.

 

Así, y otras mil formas de empezar bien un libro.

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